Del 10 de septiembre del 2015 hasta el 03 de marzo del 2019 le duró el ensueño del poder al gobernador del estado Carlos Mendoza; tres años habían bastado para olvidar la fallida apuesta por su amigo  José Antonio Meade como candidato a la presidencia de la república. Tres años de un Congreso a modo, de una prensa sumisa que hasta el día de hoy ha disfrutado de los 400 millones de pesos que el mandatario ha invertido en su imagen pública. Tres años de consolidar los negocios con familiares y amigos desplazando a los empresarios locales. Tres años y medio, casi cuatro, de gobernar, aunque la palabra resulte excesiva, con funcionarios anodinos no solo con un completo desconocimiento de la administración pública, sino del propio estado.

Ya le había tocado recibir reclamos de parte de la ciudadanía en las dos o tres ocasiones que tuvo la osadía de salir del confort del palacio de cantera. Especialmente en Los Cabos, pero no así, como ese 03 de marzo del 2019 en el estadio de beisbol de Cabo San Lucas.  Entonces sintió en carne propia lo que no escucha apoltronado en su despacho de gobierno, lo que no alcanza a percibir cuando se traslada en el convoy de camionetas en el que se mueve por la ciudad. El abucheo, la inconformidad, el poco respeto que ha logrado construir entre sus ciudadanos.

Estuvo orquestado por morena argumentaron, se dijeron ofendidos, nada más alejado de la realidad. El evento estuvo organizado por el gobierno del estado y fueron advertidos por gente de morena de que no era prudente hacerlo en ese lugar. Los incompetentes de su gabinete, de igual manera embelesados en el ejercicio negligente del poder ni siquiera supieron de qué les estaban hablando. Ni el gobernador ni nadie de su gabinete tenían idea de la realidad política que existía más allá de sus oficinas, ingenuos, extraviados y sumamente ocupados en los tarascones que desde el primer día del gobierno han venido dando al presupuesto público, ellos mismos convocaron, pusieron vehículos y dieron vales de gasolina para obligar a los trabajadores del gobierno del estado para ir al evento con Andrés Manuel López Obrador en Cabo San Lucas. Triste bofetada se llevaron cuando ellos mismos decidieron e invirtieron, recursos públicos desde luego, para sentirse tan desairados. Carlos Mendoza, el soberbio, el que sí sabe cómo hacerlo, sintió, como Ánimas Trujano, el desprecio de los invitados a la fiesta que él mismo pagó.

Los funcionarios lambiscones no tardaron en reclamar a la parte morenista por el fiasco del evento, incapaces de reconocer su incompetencia, de asumir que no tienen el mínimo pulso político de lo que ocurre en la entidad, pero ya era tarde para exculparse. Palo dado ni dios lo quita. Después de eso, trató de cambiar su estrategia, volverse simpático, por fin pasó del km 35 al norte y conoció Loreto y Mulegé, donde jamás se había parado como gobernador, salvo a aquella vez que se llevó medio gabinete para ir a inaugurar un letrero que decía Bienvenidos a Santa Rosalía. Además de eso la estrategia consistió en tomarse una foto, una solo foto y por única vez, comiendo tacos de pescado; la palomilla es amarga cuando te aprecia, más cuando no eres santo de su devoción, debut y despedida, las mofas sobre su obesa y mórbida humanidad no se hicieron esperar con la saña de un bullie de cuarto de primaria.

A partir de ahí dio luz verde a sus alfiles para que iniciaran la carrera por la sucesión. Álvaro de la Peña e Isidro Jordán, de relleno otro par. Se giraron las instrucciones correspondientes para que funcionarios y empleados de gobierno apuntalaran y respaldaran  estas opciones. ¿Qué resultó de eso? Que al año ninguno de los dos, ni el homo erectus de Álvaro de la Peña, ni el sangre liviana de Jordán Moyrón si quiera alcanzan los 15 puntos porcentuales de preferencias electorales, los infames 8 y 12 puntos, según quien haya pagado la encuesta, que traen respectivamente son de dar risa al interior del proyecto albiazul, muy lejanos de los más de 20 puntos que tienen por el grupo de Los Cabos, Lupita Saldaña y por el grupo de Comondú, Francisco Pelayo.

La prensa y las encuestas pagadas en las que tanto ha invertido Carlos Mendoza para mantener una imagen positiva ante la población no se transfiere a ninguno de sus alfiles ni se refleja en el sentir de la población ante su mediocre administración; a estas alturas, no tiene tiempo ya de construir una candidatura propia, tendría que ir con candidatos de los grupos a los que anteriormente ya traicionó, con candidato prestado por De la Rosa o Covarrubias, si es que alguno de ellos todavía quieren jugársela con él y con el PAN; negociar una transición pacífica y entregar a morena sería otra opción, pero si alguno de los grupos al interior del PAN, de Los Cabos o Comondú se le adelantan al acercamiento con morena, no tiene más opción que ir a una elección perdida, a fin de cuentas, será muy gobernador pero la fuerza electoral la tienen los otros grupos.

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