Por: Minos

Ayer trascendió el cartón twitteado por el Gobernador Panista de nuestro Estado, Carlos Mendoza Davis.

Con honestidad, no me sorprendió. Siempre he sido muy consciente del desprecio que le merecemos como ciudadanos. Desde la campaña se le veía la cara de asco cuando visitaba las colonias para la foto. Pero la nostalgia de nuestros mayores le valió el «voto de confianza» de muchos que veían en el vástago de Ángel César Mendoza -primer gobernador constitucional del Estado Libre y Soberando de BCS- la esperanza de que fuera un prócer como su papá, de quien, dicho sea de paso, explotó la imagen como si fuera una bolsa de papas fritas.

Precioso y natural spot de campaña de Mendoza Davis.

La otra gran parte de los votos que cosechó fueron gracias a su verdaderamente carismático y cínico antecesor, Marcos Covarrubias, quien traía «la cargada» desde su fugaz paso por el PRD y los millones que gastó en campaña. Y es precisamente en este fenómeno en el que quisiera abundar.

Cuando Marcos Covarrubias se va del PRD para asegurar sus pretensiones a la gubernatura por el PAN se gestó una simbiosis antinatura entre los perredistas que lo siguieron y los panistas que los tuvieron que aceptar, y no solo eso, también fingir que les agradaban. El fin justifica los medios, y para el panismo sudcaliforniano que no más no levantaba, era la oportunidad de oro para hacerse de la gubernatura y una vez allí, perpetuarse en ella, como el ejemplar vecino del norte, Baja California. Ni modo. Tuvieron que doblar las manos y pretender que estaban de acuerdo con la desbandada de ¿chairos?… ¿nacos?…¿pobres?… que irrumpían en la exclusividad de su militancia.

Y no es culpa de ellos. Ellos son así. El PAN tiene sus raíces en derecha más antigua de nuestro país. Son los sucesores de los conservadores, que añoraban un emperador rubio para nuestro país. Los Panistas creen que son la clase elegida por Dios para gobernar. Ellos son blancos, ricos, católicos, bonitos y tienen la misión de arrear a los menos favorecidos hacia el camino de las buenas costumbres, el orden social -donde ellos están en el top de lo top- y el progreso (para ellos).

Enemigos naturales de la izquierda progresista, liberal y libertaria, distributiva y democrática. Es así por principios, por ideología y convicción. Ellos no pretendían engañar a nadie, hasta el Covarrubiato. Entonces, el populismo -como lo llaman ellos- entró al PAN para sumarle adeptos y además asegurarles puestos políticos. Se dieron cuenta de que fingir que nos comprenden, que les importamos y que «son uno de nosotros» les redituaba. No obstante, la «aceptación» de las bases mestizas era parcial. La dirigencia y militancia quedó reservada para los panistas de cepa, de sangre azul, como ellos mismos bromeaban.

La imagen que comparte Mendoza no solo es una crítica abierta al conflicto en el congreso del Estado (pasándose por las ancas la soberanía del mismo y la división de poderes) es una crítica abierta a un partido político que agrupa a más de la mitad de sus gobernados. Las presidencias municipales, diputaciones locales y federales y resultados de votación para la presidencia de la república lo confirman.

Mendoza no quiere gobernar para los morenistas. Los ve como poco menos que bestias incapaces de razonar. Indignas de cargos, derechos y prerrogativas. Por eso se ha empeñado en mantener el semáforo sanitario en naranja, reabriendo las actividades turísticas y económicas a costa de la salud y vida de los sudcalifornianos que estamos enfrentando la pandemia del covid-19 con hospitales saturados y recursos limitados. Porque el gobierno federal nos tiene el rojo hace meses, pero Mendoza sigue encaprichado. A él no lo gobierna MORENA y él no gobierna para MORENA… ni los morenistas.

Después de su numerito de insubordinación con la CONAGO, el escándalo de «los kilos» y el señor Kors (pseudónimos que parecen creados por una lectora de la Vanidades), después de que se hiciera pública su corrupta participación en la reforma energética… Mendoza corona el último año de su estéril gestión haciendo público su desprecio por sus gobernados.

Tiene la consigna de perpetuar la gubernatura para su partido, pero no puede. No lo logra porque en todo el sexenio no se molestó en hacer nada que trascendiera, sus miles y miles de kilómetros de pavimento que se resumen en puros cruces de calles, su pésimo y egoísta tratamiento de la pandemia, su soberbia y desdén por la vida y el bienestar de quienes votaron por él, eso es lo que vamos a recordar. Las narcoejecuciones y desaparecidos, su ausencia constante en el palacio de gobierno, sus informes de gobierno a puerta cerrada y V.I.P., solo para seleccionados; la falta de amor por el servicio público, y su desmedida ambición por el dinero y el poder que lo hacen perder el estilo, eso es lo que vamos a recordar.

Así que no… no me sorprende que Mendoza piense así y respalde esa imagen, incluso, no me sorprende que haya tenido los tamaños de compartirla sabiendo lo ofensiva que es. Para él no existe el costo político, porque la gubernatura se le dio fácil, gracias al dinero que abundó en la campaña -que ya vimos de donde venía- y curiosamente, una cargada de izquierdistas (los chairos de antes) que siguiendo a Covarrubias, le ayudaron a encumbrarse, pero que nunca fueron más que votos seguros y piezas pupulacheras para ellos.

Mendoza ya perdió la paciencia para fingir que le importamos.En la recta final rumbo al 2021 quiere conseguir por la fuerza lo que no pudo construir en 6 años. Las encuestas favorecen, precisamente a MORENA, y la presión del partido no cesa. El que avisa no es traidor. Ya hemos visto de qué es capaz, no se que más estamos esperando.

https://twitter.com/cmendozadavis/status/1298856307626147841

Así las cosas. No más les falta la reunión del Ku Klux Klan.

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